Antes del chocolate está el origen.
El lugar donde crece el cacao, su genética, el clima, el suelo y la forma en que fue cultivado determinan buena parte de aquello que finalmente encontramos en una pieza de chocolate.
Por eso en Chocolaterie no pensamos el cacao como una materia prima genérica.
Seleccionamos cacaos de distintos territorios latinoamericanos por su identidad y sus características organolépticas, buscando preservar y expresar aquello que hace especial a cada origen.
Como sucede con el vino o el café, el cacao expresa el lugar donde crece.
La variedad genética es importante, pero también lo son la composición del suelo, las lluvias, la temperatura, la altura y el ecosistema que rodea a cada plantación.
Por eso un cacao Nacional cultivado en Ecuador puede desarrollar una marcada expresión floral mientras que un cacao venezolano de ascendencia Criolla ofrece otra profundidad y persistencia aromática.
Trabajar con cacao de origen significa reconocer esas diferencias y permitir que formen parte del chocolate.
Seleccionar un gran cacao es solamente el comienzo.
Temperaturas, tiempos, mezclas y proporciones influyen sobre el resultado final.
En Chocolaterie trabajamos buscando equilibrio: preservar la personalidad del cacao y, al mismo tiempo, construir chocolates armónicos, definidos y placenteros.
Cada porcentaje responde a una expresión diferente.
70%, 62% o 33% no representan solamente intensidad. Detrás de cada uno existe un origen, una genética, un perfil aromático y una receta pensada para interpretarlo.
Conocer de dónde viene nuestro cacao cambia también la manera de disfrutar el chocolate.
Venezuela.
Ecuador.
Bolivia.
Tres territorios latinoamericanos llegan hasta nuestro atelier en Bariloche y se transforman en diferentes expresiones de una misma pasión.
Del origen del cacao a la Patagonia.