Nuestros chocolates nacen a miles de kilómetros de Bariloche.
El cacao llega desde territorios tropicales de América Latina y encuentra aquí otro paisaje, otro clima y una tradición profundamente vinculada con el chocolate.
En nuestro atelier comienza la transformación.
Hacer chocolate implica mucho más que seguir una receta.
Temperatura, textura, brillo, fluidez, tiempos de cristalización y equilibrio entre ingredientes requieren precisión y experiencia.
En Chocolaterie combinamos conocimiento técnico con trabajo artesanal.
Cada etapa es observada, ajustada y realizada buscando que el chocolate exprese aquello para lo que fue pensado.
Es un proceso donde las manos siguen siendo importantes.
Elegimos trabajar en producciones cuidadas porque nos permiten mantener una relación directa con aquello que hacemos.
Observar una textura.
Corregir una temperatura.
Encontrar el punto exacto de un relleno.
Esperar el momento adecuado para desmoldar una pieza.
Detrás del resultado final existen cientos de pequeñas decisiones.
Esa escala nos permite conservar algo que para nosotros es fundamental: la atención.
abletas, bombones, grageas y especialidades nacen de una misma materia prima, pero requieren procesos completamente diferentes.
Cada formato propone un desafío propio.
Hay chocolates donde buscamos que el origen del cacao sea protagonista. En otros trabajamos con texturas, frutos, rellenos o contrastes para construir una experiencia diferente.
Lo artesanal no significa repetir siempre lo mismo.
Significa entender cada producto y encontrar la mejor manera de hacerlo.
Hay algo especial en saber quién hizo aquello que estamos disfrutando.
Por eso seguimos creyendo en el valor del oficio, en las pequeñas producciones, en las materias primas cuidadosamente elegidas y en el tiempo dedicado a cada detalle.
Desde nuestro atelier en Bariloche hacemos chocolate buscando algo sencillo de decir y difícil de conseguir:
que cada pieza tenga identidad.
Hecho artesanalmente en Bariloche, Patagonia.